Si pensamos en el Imperio Romano, una de las primeras imágenes que se vienen a la mente es el impresionante Coliseo de Roma, un sitio que sirvió para realizar eventos que atraían la atención de las masas. Construido entre los años 70 y 80 dc, este enorme anfiteatro servía como arena donde se desarrollaban combates a muerte entre gladiadores y bestias, que eran atrapadas con este propósito. También se llevaban a cabo combates navales. Este símbolo de Roma sigue siendo uno de los grandes atractivos entre los millones de turistas que cada año visitan la capital italiana.   

En 2018, el Coliseo fue la atracción turística más popular del mundo: atrajo a más de 7 millones de visitantes que querían conocer su historia. 

Este sitio fue llamado Anfiteatro Flavio. Vespasiano fue el primer gobernante de la Dinastía Flavia, conformada por él y sus dos hijos. Desafortunadamente, el gobernante no vivió para ver la inauguración del Coliseo en el 80 d.C. Ese honor recayó en su hijo Tito, quien celebró la gran apertura de este anfiteatro con 100 días de juegos, batallas de gladiadores y peleas entre animales.

El Coliseo podía albergar hasta 80 mil espectadores que se sentaban divididos dependiendo de su clase social. El emperador tenía su propia entrada y un palco para él y su séquito ubicado en el lugar con la mejor vista. Una sección balaustrada cercana recibía a otras autoridades, y el resto se sentaba en las gradas.

Debajo de la arena se encuentra una extensa red de pasillos y cuartos secretos que se abrían por sorpresa justo cuando se realizaban los combates. De ahí emergían gladiadores y animales que se sumaban a la batalla.  

A nivel arquitectónco, este sitio tiene un plan elíptico (ovalado) con una longitud de 189 m, una altura de 48 m y un ancho de 156 m. El área central de la arena mide 88 m de largo y 55 m de ancho. El muro que rodeaba la Arena y protegía a los espectadores tenía 5 m de altura. La gran estructura de la pared perimetral se compone de 3 conjuntos de columnas dóricas, luego jónicas y luego corintias. La sección más alta de la pared perimetral se conoce como el ático y fue construida con pilastras corintias.

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