La herrería nace a partir de la necesidad de diversos pueblos y civilizaciones de protegerse en sus casas ante los invasores o durante los ataques. Con el paso del tiempo fue mutando hasta volverse una actividad artística. Conforme el hombre fue aprendiendo a manejar el fuego y a darle un uso junto con los metales, nació la metalurgia y con ella la herrería empieza su desarrollo.  

Fueron los Monjes Cartujos de los Alpes los que mejoraron los procedimientos de reducción de los minerales de hierro. En el siglo XIII aparecieron los primeros altos hornos y en el renacimiento surgieron numerosas forjas y herrerías.

A partir del siglo XVIII, con el nacimiento de la Revolución Industrial, el uso del hierro y su perfeccionamiento se fueron haciendo más masivos, y se fue incorporando a las construcciones. Fue con el acero con el que se obtuvo la materia prima para la elaboración de todo tipo de herrería artística y tradicional. 

La herrería se convirtió de un oficio artesanal en una industria manufacturera. Tuvo la capacidad de introducirse en todas las áreas e invadió todos los rincones del hogar para ser un objeto decorativo además de dar seguridad a las casas y construcciones.

La herrería no es considerada una actividad artística, pero sinceramente está muy cerca de serlo, pues no solo se requiere de un amplio conocimiento en el manejo de las herramientas, sino de una alta sensibilidad para llevar a cabo los trabajos propios del oficio. 

Se necesita tener una mente abierta para lograr diseños innovadores para puertas, barandillas, rejas, y todo lo concerniente al trabajo de herrería, sin ser un arquitecto profesional. 

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