En 1975, la historia del cine de ciencia ficción y la cultura popular comenzó a cambiar cuando un personaje llamado Ralph McQuarrie diseñó los primeros bocetos de los personajes, paisajes, planetas, ciudades, edificios, habitantes, robots y bestias de una historia escrita por el cineasta George Lucas. Esos 21 bocetos iniciales eran el germen de lo que más tarde fue la identidad gráfica de Star Wars, una de las cintas de fantasía más célebres de todos los tiempos.

Star Wars ha sabido conjuntar desde su primera cinta un equilibrio perfecto entre una historia emocionante y una identidad gráfica sumamente interesante. Las civilizaciones, planetas y criaturas creadas por Ralph McQuarrie se complementan con escenarios y construcciones que dotan de una personalidad muy propia a cada uno de los momentos de las cintas.

Esta saga que se desarrolla en escenarios alejados de nuestra galaxia es un desfile de todo tipo de arquitectura que resulta en un deleite para sus millones de seguidores en todo el mundo. Resulta obvio ver que dependiendo de la apariencia de cada uno de los planetas -los hay desérticos hasta aquellos que están cubiertos por completo por pantanos u océanos inacabables-, es el tipo de edificios y arquitectura que se presenta en cada una de las nueve producciones.   

“Las ciudades y planetas en Star Wars tienen que parecer  viejas y desgastadas. George Lucas quería mostrar escenarios ‘vivos’, en los que se notara el paso del tiempo, a diferencia del futuro tan pulcro y nuevo de la ciencia ficción de los 70’s”, explica Alonso Vilches, coleccionista e investigador de la saga. 

El mismo Vilches clasifica la arquitectura de la saga fílmica en tres rubros que nos ayudan a entender las características de los edificios de los cientos de escenarios que componen la saga: arquitectura local, imperial e industrial.

La primera es la del tipo rural, folclórico, casi siempre dentro de escenarios desérticos (Tatooine, hogar de Anakin y Luke Skywalker) o bosques (aldea Ewok en la luna de Endor).  La apariencia de las construcciones van de acuerdo al panorama del lugar y tienden a fusionarse plenamente una con la otra.  

Por su parte, la arquitectura imperial es rígida y sobria, muy en la onda de la arquitectura romana donde predominan el orden y la simetría por encima de todo. Además existen gigantescas dimensiones anti-humanas que dejan claro un aspecto psicológico: la estructura política está por encima de los individuos.  

“En las bases del Imperio vemos un estilo minimalista en el interior, muy ordenado pero combinado con escalas muy grandes, como en los hangares espaciales. Son características de la arquitectura comunista, que buscaba hacer sentir diminutas a las personas; era una época en la que también la arquitectura funcionó como un mecanismo de control de masas”, dice Javier Loeza Biophillick, de la facultad de Arquitectura de la UNAM.

Y por último, en cuanto a la arquitectura de tipo industrial, es decir, las bases militares, las minas, etc., vemos el uso frecuente de maquinaria, gases, vapor, suciedad y, en general, un aspecto donde lo humano y lo artístico no tienen cabida para dar paso a la frialdad absoluta.

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