En su sentido más práctico, la arquitectura consiste en construir sitios que los seres humanos puedan utilizar como viviendas, templos, almacenes y demás usos para llevar a cabo sus actividades. Sin embargo, la arquitectura también busca que estos sitios no solo sirvan para dichos fines sino que cada uno de sus detalles (ángulos, colores, estructuras, posición, armonía) tengan una estética y una belleza que sean capaces de cautivar al ojo y alma humano. 

El arquitecto vienés de origen checo Adolf Loos, dijo: “La casa debe agradar a todos, a diferencia de la obra de arte que no tiene por qué gustar a nadie. La obra de arte es un asunto privado del artista. La casa no lo es. La obra de arte se sitúa en el mundo sin que exista exigencia alguna que la obligase a nacer. La casa cubre una exigencia. La obra de arte es revolucionaria, la casa es conservadora. ¿No será que la casa no tiene nada que ver con el arte y que la arquitectura no debiera contarse entre las artes? Así es. Sólo una parte, muy pequeña, de la arquitectura corresponde al dominio del arte: el monumento funerario y el conmemorativo. Todo lo demás, todo lo que tiene una finalidad hay que excluirlo del imperio del arte”.

Desde su misma definición podemos ver que la arquitectura ya contiene algo del alma misma de lo que se considera arte: se compone de los vocablos arch, jefe o autoridad, y tekton, constructor; es decir, el arquitecto es una autoridad que conoce a fondo la técnica de la construcción y que aplica sus amplios conocimientos para resolver problemas específicos.

Ya desde el Renacimiento, los arquitectos eran considerados artistas tanto como los escultores o los pintores, pues sus conocimientos especiales los hacían diferenciarse del resto. Los arquitectos no solo fabricaban construcciones para ser usadas con un propósito, sino que creaban un edificio con un significado que iba de la mano con el contexto de la época. Estas construcciones comunicaban sentimientos y eran capaces de expresar un complejo sistema de significados. En resumen, sus formas y belleza interior y exterior tenían el propósito de expresar un algo que hoy conocemos como arte.

«La arquitectura trata realmente sobre el bienestar. Creo que la gente quiere sentirse bien en un espacio… Por un lado se trata de refugio, pero también se trata de placer », decía la arquitecta de origen iraní Zaha Hadid, con lo cual nos esclarece el porqué la arquitectura es un arte: además de servir para fines prácticos también tiene la capacidad de generar sensaciones positivas. 

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