Es un tipo de acero al que no le afecta la corrosión y que a pesar de tener una apariencia un tanto antiestética, diversas arquitectos le han sabido sacar provecho. Tal es el caso de RCR, los últimos ganadores del premio Pritzker, quienes han hecho con este material obras excelsas como el restaurante Les Cols, el museo Soulanges o el crematorio Hofheide. Es por ello que el acero Corten se ha transformado en una de las más recientes tendencias en la arquitectura.

Sus propiedades hacen que el acero corten sea resistente frente a la corrosión atmosférica sin perder prácticamente sus características mecánicas. Comenzó  a fabricarse en Estados Unidos en el año 1933 para hacer los vagones de carga de tren. Al no tener que hacerse un mantenimiento durante al menos unos 80 años, por eso fue elegido como el material idóneo para los vagones de carga. 

Fue algunas décadas después cuando fue ganándose el respeto de los arquitectos. El primer edificio que se construyó íntegramente en acero Corten, fue el edificio administrativo de John Deere en Illinois. A partir de este edificio, el acero Corten cada vez se ha ido usando más para fachadas, escaleras y más dando esa apariencia industrial, pero al mismo tiempo novedosa en cientos de obras alrededor del mundo. 

Los revestimientos de acero de este material pueden personalizarse a través de perforaciones en distintos diseños y figuras, hechos a partir de una máquina de control numérico. Por su composición química -aleación de acero con níquel, cromo, cobre y fósforo- en la fase inicial de la corrosión se forma una capa de óxido que protege la pieza frente a la corrosión atmosférica, que impide que la oxidación del acero prosiga hacia el interior de la pieza.

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