En pocas palabras nos referimos a las construcciones pensadas para ser habitadas u ocupadas en el espacio exterior. Hasta el momento, este tipo de arquitectura se ha concentrado en la construcción y diseño de estaciones espaciales orbitales o convoys de exploración a la Luna o a Marte, encargados por agencias espaciales como la ESA (Europa) o la NASA (EE. UU.). La arquitectura espacial cuenta con seguidores y detractores en todo el mudo. 

Éstos últimos mencionan que primero necesitamos resolver los problemas de este planeta antes de pensar en colonizar otros. Los que están a favor de ver el espacio exterior como la siguiente gran casa de nuestra civilización son los que quieren anticiparse a una catástrofe ecológica en este planeta y llevar a la humanidad a contemplar otras vías para seguir avanzando como civilización. 

La arquitectura espacial también concentra sus esfuerzos en la creación de vehículos espaciales, estaciones, hábitats, bases e infraestructuras planetarias; instalaciones de control, experimentación, lanzamiento, logística, carga útil, simulación y ensayo en la Tierra.

El diseño de este tipo de arquitectura presenta un desafío para garantizar y apoyar la seguridad, la sostenibilidad, la habitabilidad, la fiabilidad, la eficiencia, productividad y comodidad de la tripulación y los habitantes.  

Cada decisión de diseño es fundamental para el éxito de una misión. Las estructuras deben apostar por la resistencia y los diseños interiores deben ajustarse a mantener la salud psicológica y social de sus habitantes. Los hábitats espaciales deben diseñarse para ser útiles e interesantes en sí mismos, pensados en el bienestar de los habitantes y en que éstos se sientan reconfortados y animados a seguir viviendo esa experiencia.

La colonización del espacio exterior todavía se ve como algo lejano, pero es muy probable que en algún momento (no sabemos si nos toque verlo), habrá humanos que rompan las barreras de este mundo y sean pioneros de la vida en el espacio. 

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